PYMES
A PESAR DEL RÉCORD DE VACA MUERTA, INDUSTRIAS Y ESTACIONES DE SERVICIO VUELVEN A SUFRIR CORTES DE GAS EN TODO EL PAÍS
Más de 130 fábricas cordobesas sufrieron cortes en el suministro mientras el país volvió a importar GNL a valores récord. El analista Alejandro Di Palma advirtió que la falta de infraestructura convirtió a Vaca Muerta en una promesa todavía incapaz de abastecer con normalidad al aparato productivo.
Con temperaturas que apenas superaban los 9 grados y mínas cercanas a los 3°C en Córdoba, el sistema energético argentino volvió a mostrar señales de fragilidad en plena antesala del invierno. Más de 130 industrias debieron interrumpir consumos por restricciones en el abastecimiento de gas natural, mientras el país recurrió nuevamente a importaciones de Gas Natural Licuado a precios que multiplican el valor del fluido producido localmente.
La situación reavivó cuestionamientos sobre la capacidad de transporte y distribución, un déficit histórico que reaparece cada temporada de bajas temperaturas pese al crecimiento de la producción en Vaca Muerta. Para el especialista Alejandro Di Palma, miembro de IESO, el problema dejó al descubierto una contradicción que atraviesa desde hace años a la política energética nacional: “No alcanza con tener el recurso natural. Sin infraestructura, sin inversión y sin planificación, el recurso es solo una promesa que se congela en el invierno”.
El episodio ocurrió en la tercera semana de mayo, cuando la demanda residencial comenzó a incrementarse y el sistema debió priorizar el abastecimiento domiciliario por encima de los contratos interrumpibles de industrias y estaciones de GNC. Esa mecánica, habitual en los meses más fríos, volvió a impactar sobre la actividad productiva mucho antes del ingreso formal del invierno.
Di Palma sostuvo que los establecimientos afectados “no son una estadística abstracta”, sino empresas obligadas a detener procesos, reorganizar turnos y absorber costos adicionales en un contexto económico ya deteriorado por la caída de la actividad y el encarecimiento operativo. Según describió, cada interrupción termina trasladándose a toda la cadena productiva.
En paralelo, el país debió importar cargamentos de GNL a valores cercanos a los 21,50 dólares por millón de BTU, cifra considerablemente superior al costo del gas doméstico. Para el analista, esa ecuación resume uno de los mayores desequilibrios del sector: Argentina produce gas competitivo, pero carece de la infraestructura suficiente para trasladarlo hacia los principales centros de consumo.
“El país importa caro lo que produce barato porque no construyó los caños necesarios”, resumió el especialista, quien remarcó que la expansión de la producción neuquina no estuvo acompañada por obras equivalentes en transporte y distribución.
En ese marco, Di Palma consideró que el Gasoducto Néstor Kirchner representó apenas un avance parcial dentro de un esquema mucho más amplio todavía pendiente de desarrollo. A su entender, los ductos existentes fueron diseñados para otra realidad demográfica e industrial y hoy operan sin capacidad de maniobra ante los picos de demanda.
La reiteración de restricciones sobre contratos interrumpibles también encendió alertas entre estaciones de servicio con expendio de GNC, un segmento que cada invierno queda expuesto a reducciones o cortes temporarios para sostener la prioridad residencial. Desde el sector advierten que el problema dejó de ser excepcional y se transformó en una consecuencia recurrente de la falta de capacidad estructural.
Di Palma cuestionó además el contraste entre las dificultades operativas y el discurso oficial sobre el potencial energético argentino. “La potencia energética no se proclama en conferencias de prensa. Se construye con hormigón, acero y planificación de largo plazo”, afirmó.
Mientras tanto, la llegada constante de barcos de GNL a Escobar volvió a convertirse en una postal repetida del invierno argentino: importaciones millonarias conviviendo con industrias frenadas en un país que posee una de las mayores reservas de gas no convencional del mundo.
Para el integrante de IESO, la discusión ya no pasa por la existencia del recurso sino por la capacidad real de transformarlo en energía disponible para el entramado productivo. Y advirtió que, sin inversiones sostenidas en infraestructura, cada descenso de temperatura seguirá poniendo en evidencia las limitaciones de un sistema que aún no logra traducir el potencial de Vaca Muerta en abastecimiento pleno y estable para todo el país.