EL BIOETANOL GANA TERRENO EN EL MUNDO Y LA ARGENTINA DEFINE SI SE SUMA O QUEDA REZAGADA

Un nuevo proyecto de ley reabrió el debate sobre el futuro de los biocombustibles en la Argentina. Referentes del sector sostienen que el país enfrenta una oportunidad estratégica para ampliar inversiones, fortalecer las economías regionales y reducir la dependencia de combustibles fósiles, en un contexto internacional donde el bioetanol gana protagonismo como herramienta de desarrollo y sustentabilidad.

La discusión sobre el futuro energético argentino volvió a instalarse en el Congreso con la presentación de un nuevo proyecto de Ley de Biocombustibles impulsado por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, junto a otros senadores nacionales. La iniciativa propone desregular la actividad, fomentar la competencia y eliminar las limitaciones productivas que, según referentes del sector, hoy frenan el crecimiento de la industria del bioetanol.

En ese contexto, el presidente del Centro Azucarero Argentino, Jorge Feijóo, y el director ejecutivo de la Cámara de Bioetanol de Maíz, Patrick Adam, salieron a respaldar públicamente la propuesta legislativa al considerar que representa “un paso importante” hacia una política energética moderna, federal y sustentable.

Los dirigentes advirtieron que la Argentina atraviesa una coyuntura decisiva frente a un escenario internacional donde los países que lideran la transición energética profundizan el uso de combustibles renovables, incrementan los porcentajes de mezcla obligatoria y promueven fuertes desembolsos para consolidar cadenas de valor vinculadas a energías limpias.

Según plantearon, el bioetanol dejó de ser únicamente un debate sectorial para convertirse en una herramienta estratégica asociada al agregado de valor agroindustrial, la generación de empleo, la industrialización de materias primas y la reducción de emisiones contaminantes.

Tanto la producción basada en maíz como la proveniente de la caña de azúcar aparecen en esa lógica como pilares complementarios de una misma matriz de desarrollo. Desde el sector remarcan que ambas actividades permiten impulsar inversiones en el interior productivo, fortalecer el arraigo laboral y dinamizar economías regionales que dependen directamente de la actividad agroindustrial.

El proyecto presentado en el Senado también apunta a otorgar previsibilidad regulatoria, uno de los reclamos históricos de las empresas vinculadas a los biocombustibles. La expectativa empresaria es que una mayor estabilidad normativa habilite ampliaciones de plantas existentes, nuevas inversiones y una expansión de la capacidad instalada que hoy permanece limitada por las restricciones del esquema vigente.

Los referentes de la actividad sostienen además que la expansión del bioetanol podría contribuir a disminuir la dependencia de combustibles fósiles importados, un aspecto especialmente sensible para la balanza energética nacional. En paralelo, afirman que la diversificación de la matriz permitiría mejorar la seguridad de abastecimiento y reducir la exposición del país a la volatilidad internacional de los hidrocarburos.

La cuestión ambiental ocupa otro de los ejes centrales del debate. Feijóo y Adam señalaron que el mercado global exige cada vez más productos con menor huella de carbono y destacaron que el bioetanol presenta ventajas concretas frente a los combustibles tradicionales en términos de reducción de gases de efecto invernadero. Desde esa mirada, consideran que el desarrollo de esta industria puede transformarse en una herramienta para cumplir compromisos ambientales sin resignar crecimiento económico ni actividad industrial.

El posicionamiento conjunto entre el sector azucarero y la cadena del maíz también refleja un intento por consolidar una agenda común frente a una discusión que históricamente enfrentó intereses regionales. En esta oportunidad, ambos espacios coincidieron en la necesidad de avanzar hacia una política de largo plazo que permita aprovechar el potencial agroindustrial argentino en el marco de la transición energética global.

Aunque reconocieron que el texto legislativo todavía podría incorporar modificaciones y ajustes técnicos antes de su eventual sanción, los representantes del sector calificaron la iniciativa como una pieza clave para comenzar a destrabar el crecimiento del bioetanol en el país.

El trasfondo de la discusión excede el plano energético. En juego aparece también el modelo de desarrollo productivo que la Argentina pretende impulsar en los próximos años: uno apoyado exclusivamente en la exportación de materias primas o una estrategia capaz de transformar recursos agroindustriales en energía, empleo e innovación tecnológica con fuerte impacto federal.