CRISIS ENERGÉTICA: EL ENCARECIMIENTO DEL GAS VUELVE A PRESIONAR A LA ECONOMÍA EUROPEA

El mercado energético europeo vuelve a quedar bajo presión por el elevado precio del gas natural, la interrupción de parte de la oferta de GNL de Qatar y un nivel de reservas inferior al habitual para esta época del año. El problema no es, por ahora, un riesgo inmediato de desabastecimiento, según la Comisión Europea, sino el costo que tendrá para Europa completar sus almacenamientos antes del invierno y la exposición a nuevos saltos de precios si persisten las restricciones de suministro.

El contrato de referencia Dutch TTF llegó a ubicarse alrededor de los €73 por megavatio hora, su nivel más elevado en tres años y medio. Aunque durante los últimos días el precio comenzó a retroceder y se ubicó cerca de €71/MWh, el mercado continúa condicionado por la interrupción de los embarques de GNL desde Qatar y por las dificultades para recomponer las reservas europeas. A comienzos de septiembre, los depósitos subterráneos de gas de la Unión Europea estaban ocupados en aproximadamente un 65%, el nivel más bajo para ese momento del año en unos 15 años. Para alcanzar un nivel de 75%, Europa todavía necesitaba incorporar más de 100 TWh de gas, un volumen que a los precios vigentes representaba más de €7.000 millones. La situación tiene una explicación adicional en la oferta de GNL. Los ataques contra las instalaciones de Ras Laffan dañaron dos trenes de licuefacción y dejaron temporalmente fuera de servicio alrededor del 17% de la capacidad de producción de Qatar. QatarEnergy advirtió que algunas reparaciones podrían extenderse durante años, mientras que la continuidad de las restricciones en el estrecho de Ormuz dificulta el movimiento normal de los cargamentos. Qatar tiene un peso significativo en el abastecimiento europeo. Según datos de ACER, los países de la Unión Europea tienen contratados unos 21,5 bcm de GNL qatarí para 2026, equivalentes al 6,3% de la demanda anual de gas del bloque. Si la producción del país permanece fuera del mercado durante buena parte del año, las necesidades europeas de GNL comprado en el mercado spot podrían aumentar desde unos 40 hasta aproximadamente 56 bcm. Esto obliga a Europa a competir por cargamentos con los compradores asiáticos justamente cuando necesita acelerar las compras para llegar al invierno con un margen suficiente. En un mercado global de GNL, cualquier interrupción adicional puede trasladarse rápidamente a las cotizaciones europeas. El efecto no queda limitado al sector energético. El gas es un insumo central para numerosas actividades industriales y también participa en la formación del precio mayorista de la electricidad. El impacto sobre la generación eléctrica es actualmente menor que durante la crisis de 2022 debido al crecimiento de las energías renovables, pero el gas todavía determina el precio en una parte relevante de las horas del mercado mayorista. Para la industria europea, el problema aparece en dos frentes. Por un lado, aumentan los costos directos de las empresas que utilizan gas en sus procesos. Por otro, una electricidad más cara eleva los costos de producción de sectores electrointensivos. La presión resulta especialmente sensible en actividades como la química, los fertilizantes, el vidrio, la cerámica, los metales y la siderurgia. El segundo impacto relevante aparece sobre la inflación. El Banco Central Europeo acaba de advertir que el traslado de las variaciones del precio mayorista del gas hacia los consumidores se está produciendo más rápido que en el pasado. En más de la mitad de los países de la Eurozona, los cambios del precio mayorista llegan a la inflación minorista del gas en un período de entre uno y tres meses. Las nuevas proyecciones del BCE contemplan que la inflación de la Eurozona alcance un máximo de 3,6% interanual durante el cuarto trimestre de 2026, principalmente por el shock energético. El organismo estima además que una prolongación de la presión sobre los precios del gas podría generar efectos indirectos sobre alimentos, bienes y otros componentes de la inflación. El BCE también elaboró escenarios alternativos para medir el riesgo. En uno adverso, con el gas alrededor de €77/MWh durante el cuarto trimestre, la inflación alcanzaría 3,2% en 2027 y el crecimiento económico se reduciría a 1,1%. En un escenario severo, con el gas en torno a €130/MWh, la inflación podría llegar al 5,4% en 2027 y el crecimiento caer hasta 0,4%. Se trata de escenarios de riesgo y no de pronósticos sobre lo que necesariamente ocurrirá. La Unión Europea llega a esta situación con una posición diferente a la de 2022. La demanda de gas se redujo alrededor de 17% entre 2021 y 2025, mientras aumentaron la eficiencia energética y la generación renovable. Además, Europa cuenta hoy con una mayor capacidad para importar GNL y diversificar proveedores. Por eso, la Comisión Europea sostiene que no existe actualmente un riesgo inmediato para la seguridad del suministro. La preocupación pasa entonces por otro lugar: cuánto deberá pagar Europa para completar sus reservas y cuánto de ese mayor costo terminará trasladándose a hogares y empresas. Un invierno relativamente templado podría aliviar la presión, mientras que temperaturas más bajas o nuevas interrupciones en el mercado internacional de GNL podrían volver a tensionar las cotizaciones. El problema energético vuelve así a convertirse en un problema económico. Para la industria europea, un gas persistentemente caro implica mayores costos frente a competidores de regiones con energía más barata. Para los consumidores, aumenta el riesgo de una inflación más persistente. Y para el Banco Central Europeo, un nuevo shock energético complica el objetivo de devolver la inflación al 2% sin afectar la actividad económica. La propia autoridad monetaria espera que la inflación vuelva a acercarse gradualmente a su objetivo durante 2027, siempre que el shock energético pierda intensidad. Pero la evolución del gas durante los próximos meses será determinante para saber cuánto de ese escenario podrá cumplirse.