LEGISLACION
DANIEL KIPER: "LA BOLETA LLEGA, LA LUZ NO"
La ciudad se apagó cuando el verano apretaba con más fuerza. No fue de madrugada ni en horas marginales: el corte de energía llegó en pleno día, cuando el calor vuelve indispensable aquello que debería ser un servicio básico garantizado. Ventiladores detenidos, aires acondicionados mudos, heladeras perdiendo su razón de ser. Cerca de 800 mil usuarios quedaron sin suministro y, con ellos, una rutina urbana que depende de un hilo eléctrico cada vez más frágil.
El escenario se repitió como un déjà vu porteño. Ascensores detenidos, comercios cerrando antes de tiempo, adultos mayores y chicos atravesando la jornada a la intemperie del calor. Mientras tanto, las explicaciones técnicas circularon con la habitualidad de siempre: fallas, protecciones que actuaron, equipos saturados. El diagnóstico real, sin embargo, volvió a ser el mismo de cada verano: una red agotada que no resiste la demanda y colapsa cuando el termómetro sube.
En ese contexto, el abogado Daniel Kiper salió en defensa de los usuarios y puso el foco donde duele. “El servicio no se presta, pero se cobra como si funcionara a la perfección. La boleta llega todos los meses, la luz no”, advirtió. Para el letrado, la situación expone una contradicción estructural: tarifas en alza y un servicio que no mejora. “El usuario cumple, paga, soporta aumentos y cambios en la facturación, pero cuando necesita el servicio, el sistema no responde”, remarcó.
Kiper fue más allá y señaló que el problema ya dejó de ser coyuntural. “No se puede seguir hablando de imprevistos. Los cortes masivos en verano son previsibles. Si no hubo inversiones suficientes, hay responsabilidades que deben analizarse”, sostuvo. En ese sentido, recordó que los usuarios tienen derecho a reclamar resarcimientos y que las empresas distribuidoras deben responder por los daños ocasionados, desde alimentos perdidos hasta electrodomésticos afectados.
Mientras la ciudad buscaba velas y paciencia, el otro circuito nunca se interrumpió: el de las tarifas. Aumentos autorizados, facturación mensual y ajustes trasladados al consumidor con precisión matemática. “El pacto básico de los servicios públicos está roto”, afirmó Kiper. “Si se paga más, la calidad debería mejorar. Cuando eso no ocurre, el reclamo deja de ser técnico y pasa a ser social y jurídico”.
El argumento del tiempo tampoco convence. Las obras necesarias para reforzar subestaciones y evitar apagones generalizados no llevan décadas. “No hablamos de ciencia ficción, hablamos de inversiones posibles en plazos razonables. Dos veranos son tiempo suficiente para haber evitado este escenario”, señaló el abogado.
El apagón dejó algo más que casas a oscuras. Dejó expuesta una vez más la distancia entre lo que se cobra y lo que se presta. La boleta llegó, como siempre. La luz, otra vez, no. Y en esa oscuridad recurrente, el costo vuelve a recaer sobre el mismo sector: los usuarios, que pagan incluso cuando el servicio se apaga.