LA VIEJA PELEA CONTRA EL DUMPING REAPARECE EN LA GRIETA ENTRE TECHINT Y EL GOBIERNO
La reciente controversia pública entre Paolo Rocca, cabeza del Grupo Techint, y el presidente Javier Milei volvió a poner en primer plano un debate histórico de la industria argentina: el impacto del dumping internacional y el rol del Estado frente a la defensa de la producción nacional. En ese contexto, una carta de lectores firmada por Ramiro Vasena, descendiente directo de los fundadores de Industrias Vasena, aporta una mirada con anclaje histórico y fuerte tono crítico hacia quienes minimizan el fenómeno.
Vasena cuestiona lo que define como “ignorancia y mediocridad” de ciertos comunicadores que, en medio del cruce entre Rocca y Milei, reducen el reclamo de Techint a una simple queja empresarial. Según su planteo, el grupo industrial enfrenta desde hace años a “carteles globales muchísimo más grandes”, cuyo objetivo no sería competir sino destruir capacidades productivas nacionales mediante precios artificialmente bajos.
En esa línea, el autor de la carta sostiene que Techint, lejos de buscar privilegios, habría resignado rentabilidad para sostener sus plantas abiertas y evitar despidos masivos. Una postura que choca con la mirada liberal más dura que sobrevuela el discurso presidencial, centrada en la apertura irrestricta y en la desconfianza hacia cualquier pedido de protección sectorial.
El texto de Vasena recurre además a la memoria histórica para reforzar su argumento. Recuerda su propia experiencia como industrial metalúrgico enfrentando el dumping en Brasil, donde —según afirma— la justicia no actuó y las consecuencias fueron devastadoras. Pero va más atrás aún: menciona a su bisabuelo, Pedro Vasena, quien en 1919 denunció el ingreso de acero alemán vendido a pérdida tras la Primera Guerra Mundial, incluso utilizado como lastre en los barcos.
La respuesta estatal de entonces, relata, fue tan pragmática como polémica: si Argentina no compraba ese acero, Europa dejaría de adquirir productos locales como el paté de foie. Esa combinación de apertura forzada, desprotección industrial y legislación laboral desactualizada derivó, según Vasena, en el estallido social que desembocó en la Semana Trágica, uno de los episodios más sangrientos de la historia obrera argentina.
El paralelismo no es casual. Para el firmante, el país estaría repitiendo errores del pasado: mientras se profundiza la apertura comercial, sectores como el textil, el vitivinícola y muchas otras actividades productivas sufren una competencia que consideran desleal, con efectos directos sobre el empleo y el entramado pyme.
En ese marco se inscribe la tensión actual entre Rocca y Milei. El empresario reclama reglas que contemplen la asimetría global y defiendan una “justa rentabilidad”, mientras el Presidente desconfía de cualquier esquema que huela a protección o intervención. La carta de Vasena se planta claramente del lado del industrial y cuestiona lo que define como la verdadera “patria contratista”, a la que acusa de corrupta, ineficiente e impune desde hace décadas.
El cierre del texto es tan político como simbólico: Vasena expresa su deseo de que existan “varios Paolo Rocca” en la Argentina, emprendedores capaces de invertir y sostener empleo, pero advierte que para eso es imprescindible una protección jurídica clara frente al dumping y una estrategia que distinga entre defensa de la industria y privilegio. Un debate que, un siglo después, vuelve a dividir aguas en la Argentina.