POLITICA
ENERGÍA Y GUERRA: LA APUESTA ESTRATÉGICA DE ARGENTINA EN UN MUNDO EN TENSIÓN
En la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Javier Milei volvió a colocar a la energía en el centro del programa económico. No fue un gesto aislado. Mientras el escenario internacional se recalienta por el conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, con impacto directo sobre la producción y la logística del petróleo y el gas, la Argentina aparece ante una ventana de oportunidad que hace apenas unos años parecía lejana.
Para Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, el país atraviesa un punto de inflexión. “La energía se está convirtiendo en un ordenador económico para la Argentina y en un elemento clave para mejorar la balanza comercial energética”, sostuvo. El dato que menciona es contundente: solo en hidrocarburos, el año pasado se registró un saldo positivo cercano a los 5.000 millones de dólares, en contraste con un rojo acumulado de unos 40.000 millones entre 2010 y 2023.
Carnicer encuadra este giro en una visión más amplia. “Para mejorar la economía del país, tanto la energía como la minería aparecen como factores de enorme trascendencia”, afirma. No se trata solo de exportaciones, sino también de desarrollo productivo y de una redistribución territorial de la riqueza. Provincias históricamente relegadas como Catamarca, Jujuy, Salta, San Juan o Santa Cruz empiezan a ocupar un lugar central en el nuevo mapa energético.
En esa línea, el especialista interpreta la decisión de ubicar puertos de exportación en Río Negro como un movimiento que busca ampliar la participación de distintas provincias en la renta generada por Vaca Muerta, evitando concentrarla exclusivamente en la provincia de Buenos Aires.
La discusión sobre inversiones también ocupa un lugar decisivo. Carnicer considera que el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones resultaba “imprescindible” para el sector energético. A su juicio, la inseguridad jurídica y las sucesivas leyes de emergencia económica erosionaron la credibilidad durante años. “Una ley que garantice que esas condiciones no volverán a repetirse es un reaseguro fundamental para atraer inversiones y sostener el crecimiento”, subraya.
En paralelo, plantea la necesidad de diversificar la matriz. Recuerda que la Argentina conserva capacidades intelectuales relevantes en energía nuclear que quedaron relegadas cuando el mundo se apartó de esa tecnología. Hoy, con el impulso a reactores de pequeña potencia en Estados Unidos y en Europa, con casos como Francia, considera estratégico retomar un plan nuclear con mirada pragmática.
Sobre el frente tarifario, el director del Instituto de Energía es claro: “La tarifa no es el precio de la energía, sino el costo de transportarla y distribuirla”. A su entender, la actualización que lleva adelante el Gobierno busca corregir un atraso acumulado durante años sin provocar un shock brusco, mediante ajustes mensuales asociados a la inflación y a la recomposición gradual.
En el plano internacional, el conflicto en Medio Oriente introduce un factor de volatilidad que puede reconfigurar el tablero. “Los conflictos bélicos generan cambios logísticos fulminantes en el abastecimiento energético mundial, algo que ya se vio durante la invasión rusa a Europa”, advierte. Cuando estas guerras se prolongan, explica, encarecen el transporte marítimo y alteran la productividad energética global.
Un actor clave en ese rompecabezas es Qatar, uno de los mayores exportadores de GNL del mundo. Si su producción o su logística se vieran afectadas, el impacto sobre el abastecimiento global sería inmediato. En ese escenario, Estados Unidos aparece como proveedor alternativo, pero también otros países con capacidad exportadora pueden ganar terreno.
Allí es donde la Argentina podría reposicionarse. Con proyectos de exportación de GNL previstos a partir de 2027 y negociaciones orientadas a mercados como Alemania, el país podría capitalizar un mercado internacional más ávido de proveedores confiables. “Si se aceleran los tiempos, la Argentina podría aprovechar mejor las oportunidades”, señala Carnicer.
La producción de petróleo también refuerza esa expectativa: hoy supera los 900.000 barriles diarios, cuando hace apenas tres años rondaba los 500.000. En un contexto de precios internacionales al alza, derivado de la guerra, los países productores se ven favorecidos. “Aunque surge de una situación muy desagradable como es una guerra, los precios más altos del crudo favorecen a países productores como Argentina”, reconoce.
La condición, insiste, es la previsibilidad. “Si la Argentina mantiene un comportamiento doméstico confiable y evita cortar exportaciones o incumplir contratos, puede posicionarse como un proveedor energético seguro para el mundo”. En un tablero internacional cruzado por tensiones en Europa y Medio Oriente, el país podría consolidarse como un polo de producción y exportación libre de conflictos bélicos.
La energía, en definitiva, dejó de ser un sector más. En medio de la incertidumbre global, se transforma en una pieza estratégica capaz de redefinir el perfil económico argentino y de convertir una crisis internacional en una oportunidad de largo alcance.